Me miro en el espejo, pensando la manera de cubrir las ojeras, me acerco, observo las arrugas que circundan mis ojos, los entorno viendo que aún salen más. Después de enmascarar mi aspecto, salgo corriendo de casa, con ansiedad y desánimo, corriendo más por fruto de la angustía que de la prisas reales por llegar a mi destino.

Durante el camino pienso en un metro abarrotado, bueno, bajaré la mirada y me abstraeré. Quizás utilice la estrategia de adivinar entre los que estan sentados en que parada se bajan. Las calles siguen en obras, el ruído de las rampas metálicas que han puesto para tapar os agujeros es estridente. Unos borrachos siguen como cada día haciendo guardia en un poyete de la calle. Los repartidores de periódicos gratuitos conversan mientras los transeuntes se afanan en obtener la lectura que les amenice el trayecto.