Una de las leyendas relata que un pastor del desierto buscando pastos para sus cabras, un día, éstas comieron unos granos silvestres de color rojo y la sorpresa del pastor fué ver cómo los animales saltaban y se excitaban. Este pastor fué quizás el primer hombre que descubrió los poderes estimulantes del café

De los muchos placeres que hay en la vida, creo que el mejor por la mañana es la humeante taza de café, eso sí acompañada de un diario. No imagino mi vida sin él, es el resorte que facilita mi salida al mundo exterior

Cuantas parejas han empezado y acabado su historia al lado de una taza de humeante café, en cuantas reuniones a altas horas de la noche en las que ha estado presente este elixir. Y es que el café tiene muchas asociaciones, está el café apresurado que se toma el ejecutivo de un trago en el bar cercano al trabajo, el café despertador que tomamos aún con legañas en los ojos, postponiendo la entrada al metro, el café de la máquina de la odiosa oficina que nos reune alrededor e incita a la conversación, el café después de la jornada laboral que transmite liberación y calma, el café al concluir una buena cena que invita a los comensales a la reflexión.

Pero silencio que no se entere al gobierno, porque como todas las cosas buenas de la vida o te las prohiben la iglesia o el estado.